Mi obsesión nació de inocentes y buenas intenciones, y comenzó el día en que vi un diario escrito a mano tirado en los arbustos fuera de una casa en la avenida Lexington. Estaba lloviendo esa mañana, y mi intención era regresarlo al día siguiente; seguro y seco.
Sólo me lo guardé.
Lo guardé, y lo leí.
Una semana después, abrumada por la curiosidad y el sentimiento de culpabilidad por albergar secretos que no me pertenecían, tra…
Una semana después, abrumada por la curiosidad y el sentimiento de culpabilidad por albergar secretos que no me pertenecían, tra…

